Grita!
De nuevo nos citamos en un parque, para intentar llenarnos de acuerdos que sabríamos no cumpliríamos nunca. Formaba todo ya parte de un ritual. Un ritual de sanación que no buscaba sino sanar ese momento, ese preciso momento en que nos veíamos. Servía. ¡Claro que servía! porque al final de una o dos horas te lograba acariciar sin miedo a una negativa, terminaba besándote toda y corríamos con urgencia a algún motel.
Hasta hoy.
Te hartaste por fin hoy. A mi primer sarcasmo y sugerencia de que te largaras, te largaste. Y te largaste porque bien sabías que no iba a detenerte aunque ambos supiéramos que no querías irte. Juegas bien el papel de harta aunque esté más harto yo que tú.
(¡Ah! Pero qué miseria es esto de escribir. Bastante tiempo ya, que no ganaba el impulso a la pereza. Esta necesidad abominable de vaciar los huecos en letras que aparecen como ráfagas de la mano en el papel, esta ansiedad producida por la mierda que hay al no tenerte cerca. Siéntete orgullosa, puta inmunda inundada en amistades, de no tener nunca que sentir esta miseria porque ni siquiera sabes escribir. Te bastan cosas tan pueriles, logras fácilmente vaciarte toda como miel mientras yo requiero de tu harta indiferencia para volver a la miseria que digo despreciar.)
Pero aquí no acaba todo, he de arrastrarme y suplicar como hacía tiempo no lo hacía, porque te conozco y sé bien que eso necesitas: sentir que alguien se arrastra por el fango para no sentirte tan pútrida y creer que quien está a tu lado es tan amargo y vil como tú.
Nos citamos en un parque y tú jugabas a beber vodka como antes mientras yo jugaba a que volvía a ser aquel fumador, queríamos plasmarnos un retroceso en imágenes vívidas, ¡buena jugada!, me faltó tabaco y a ti vodka para hablar de las promesas ya infinitamente dichas.
(Me arrastro en las letras con rencor porque sé que duermes tranquila y ahora soy yo el que de insomnio muere. ¿Esta es la mierda que te he hecho sentir?, ¿Por esto has hecho todas esas cosas dolorosas? ¿Por este dolor insulso he dejado de ver a mis amigos? ¿Por esto me he alejado de los bares? ¿Por esto he madurado y arreglado un consultorio, he dejado mi guitarra y la escritura y me he vuelto un hombre de dieta y de gimnasio, con horarios para todo? ¿Esto sientes? Vaya que eres fuerte pues yo que deseo que te mueras y nunca haberte conocido)
Te comprendo. Ahora te comprendo bien. Te comprendo tanto que he de culparte efímera y frígida mujer por este sufrimiento, e iré a besarme con alguien del trabajo, empezaré a hablar de irme y de amargarme por vivir en este apestoso rancho, le escribiré el día
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